Entradas

La Serrana

 Ensimismada, con la mirada clavada en la lumbre de la cocina, Etelvina barrunta tempestad. La perrina inquieta se da cuenta y mueve la cola. Huele a carbón, ajo y patatas. Sopla un aire helador que viene de la peña. La casina esta pagada, hay para llenar el plato. ¿De donde sale la tristeza? No está acostumbrada, no tiene tiempo, hay que bregar. La vida siempre es corta, no importa la edad. No irá a Egipto. No aprenderá árabe, no tendrá una casa más solayera, mejor ventilada. No tendrá tiempo para millones de cosas. Mañana toca sembrar, ir con las cabras a la vecera. En el pueblo nunca hay vacaciones. Envidia, un rato, un poco, a los veraneantes. Últimamente duerme mal. Da vueltas en la cama, rezonga. Quita el cazo del fuego y prueba con la cuchara de madera. Baldomero ha ido a Cistierna, al cine. No tardará. Tendrá que contárselo. No sabe cómo. Se ha muerto la Serrana. Fue a buscarla ya oscurecido, extrañada. La Capitana y la Artillera habían vuelto con la perra. La encontró en e...

La última caleya

 Milagros era la última de la caleya, tenía ochenta y muchos años. Se la llevaron. Una caleya es, según el diccionario, para los que sean foriatos, forasteros en castellano, una calleja mala, una callejuela, un callejón estrecho y sucio. Una montonera de guajas y guajes se crió ahí durante décadas. Miles en lugares parecidos. Milagros duró poco en la residencia. Se fue con su dios. La echaron de menos en la iglesia que ayudaba a limpiar, ya casi siempre vacía, y en la peluquería. Su casa cerrada, ahí quedó, ahí está. En tiempos mucho más negros, carboníferos, cuando el frio se traducía en sabañones y pulmonías, muchas familias amontonadas vivieron en la caleya en cuesta, a pie de monte. Sale de la carretera que va al puerto, poco antes del cementerio, y termina en las huertas a escasos cincuenta metros. La gente empezó a llegar y amontonarse en los valles cuando abrieron las minas.    Esta mañana temprano sonaron golpes en la puerta metálica, a la entrada de la caleya. Ha...

Sonata en Pardavé

No es que a Baldomero no le guste Bach, no, no es eso. Es que, en el día grande de las fiestas de Pardavé, a las dos de la mañana, por mucho que lo pida con exquisita educación un eminente cirujano de Santander, oliendo a pacharán, entre “Suspiros de España” y “El muerto vivo”, no le parece oportuna una sonata. El acordeonista está acostumbrado a peticiones disparatadas, nada nuevo. En las fiestas más o menos patronales de los pueblos de la montaña, Baldo tiene vistas muchas escenas toscas, tirando a bárbaras. En los años cincuenta se tiraba sin acritud un músico al pilón por negarse a tocar cuatro veces “la puta de la cabra”. En los años setenta un vaquero de resaca podía soltar una becerra en medio del baile sin avisar. En los años noventa el más tonto de pueblo podía entrar en el prao de la orquesta puesto de cocaína, a toda hostia, haciendo trompos con la cosechadora. La guardia civil no decía ni Pamplona, más les valía. Estaban cagaos, luego hay que andar por el monte y te llevas ...

El Chino, el Choni y la prima

  Vale. Te lo cuento. Luego no me vengas con rollos. Lo del Chino y el Choni. No es que no te lo vayas a creer, es que yo lo vi y no me lo creo. Pregúntale a tu prima que también estaba. El Choni roba coches y el Chino los vende, ya sabes. Pues estaban emprerraos con un Audi nuevo de paquete que todos los días paraba media hora enfrente de la hamburguesería. El Choni se lo levantó en tres minutos. Cuando el pavo se dio cuenta ya estábamos en el polígono abandonao. En el maletero había un fusil de esos de las películas. El gilipollas del Chino va y se pone a pegar tiros en la nave. Jodió la uralita del techo y el fluorescente grande. El Choni se partía el culo, otro tarao. Llegó tu prima con material y se pusieron no sé qué mierdas. Yo solo quería que me cambiaran la rueda de atrás de la moto y darme el piro, cada día les aguanto menos. El coche no tenía un localizador, tenía dos. Y un móvil en la guantera que empezó a sonar. El Chino lo pasó por la prensa escojonao. Les dije que me...

Caldo de Carvalho. https://novelanegratotal.blogspot.com/

 La novela entera que google no indexa aquí:  https://novelanegratotal.blogspot.com/

Caldo de Carvalho XVIII Morirá esta historia en la Historia (FIN)

 El tren negro ha llegado a Mieres del Camín en la cuenca del río Caudal. Escritoras y escritores, acompañantes y curiosos, forman una multitud que cruza perezosa el puente de Seana. La marea se descompone en grupúsculos bajo un sol terracero. Desde la rotonda, a la izquierda, el parque de Jovellanos, a la derecha, la Mayacina, de frente, al fondo, con tendencia hacia la izquierda, la plaza Requejo. A los poetas le gusta Requexo, o Requejo, o la plaza de la sidra. Santos Palacio escancia sidra en Casa Flora. Nadie en Mieres del Camín conoce mejor a la clientela de la plaza. Santos se pagó la carrera sirviendo culines, montando terrazas, aguantando borrachos y tomando nota de los pequeños detalles. Ahora es politólogo en paro y hace encargos para un abogado algo irregular. En Casa Flora lo conocen desde guaje, no han puesto pega ninguna a su extraña petición, trabajar un día. No un día cualquiera. Hoy. José Andrés dirige las operaciones desde el centro de la plaza. Como Santos, José...

Caldo de Carvalho (XVII) Verano y humo

 El comisario jefe de la policía de Gijón, Alejandro M. Gallo, maragato, es licenciado en filosofía, ciencias políticas y ciencias de la información. Oficial del ejército, escritor y medalla al mérito policial. Cada verano desde que se desarrolló la iniciativa de Paco Ignacio Taibo II en 1987, se celebra en la ciudad bajo su jurisdicción un festival de asesinatos, extorsiones, secuestros y redadas: La Semana Negra. Los escritores herederos de Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Chester Himes o Simenon, se juntan al borde del Cantábrico a comer sin discernimiento, presentar libros e intercambiar nuevas técnicas para investigaciones imaginarias. Paco Ignacio Taibo II nació en Gijón y llegó a México con diez años. Sus pinches compañeros de escuela le decían que hablaba como Marisol. Este año cumple cincuenta el primer libro de Carvalho. Hace veinte que Montalbán dejó de escribir. Los organizadores han invitado a decenas de escritoras y escritores, periodistas, músic...

Caldo de Carvalho (XVI) Inútil escrutar tan alto cielo

 Los periódicos con olor a torrezno industrial que lee Méndez llevan meses hablando de crisis, burbujas financieras, hipotecas y préstamos. Hoy dicen que ha quebrado Lehman Brothers, uno de los más importantes bancos estadounidenses. El inspector ve venir bombas. Subirán el tabaco y el café. Habrá más de todo; desahucios, chulos, muertos en los portales, niños sin desayuno, emigrantes perseguidos, mujeres asesinadas. Méndez ya era viejo en el crack del 29, ha visto triles inverosímiles. Es lunes y está cansado. Visita en su despacho a la inspectora jefe Margarita García. Cómo cambian los tiempos, Méndez, qué te parece. Qué te parece, Méndez, cómo cambian los tiempos. — Méndez, es usted una institución. ¿No han puesto una estatua suya con peana en el museo de la policía? —Ya me gustaría, ya. Me dolerían menos los pies. ¿Tiene un minuto? —Sea breve. —El caso del abogado Moré. Lo llevan Lifante y Contreras. La víctima tenía relación con el comisario Salmorejo y los inspectores son sus...

Caldo de Carvalho (XV) De París las ratas

 La nena se llama Lole como la abuela, lo eligió la Rebe. Van pasando los meses y el Josito ya se atreve, con cara de susto, a cogerla en brazos. Tiene buen pronóstico, la falta de oxígeno fue moderada. Hay que esperar. Sonríe cuando oye cantar a su madre. El Cholo parece otro, se ha apañao una furgoneta. Es vieja de cojones pero el motor suena de puta madre. De milagro está en la calle, los maderos siguen buscando. Uno de los que andaba con él liándola por ahí, le ha entrao un par de veces para un palo. No ha tragao. Es la Rebe que tiene no se sabe qué. Cuando le pone morro, el Cholo achanta. Ahora le ha dao por la mecánica, desguaza motos viejas, vende alguna pieza y siempre está lleno de grasa. Dineros, pocos. Dice que ya le vendrá un golpe de suerte. Algún día venderá los hierros del viejo que están todavía en la carbonera. Josito el lechuga sigue echando humo, el puto fósil del Méndez ha estado preguntando en el Júpiter. En Barcelona Tonia está descolocada, fuera del juego, fu...