El Chino, el Choni y la prima

 

Vale. Te lo cuento. Luego no me vengas con rollos. Lo del Chino y el Choni. No es que no te lo vayas a creer, es que yo lo vi y no me lo creo. Pregúntale a tu prima que también estaba. El Choni roba coches y el Chino los vende, ya sabes. Pues estaban emprerraos con un Audi nuevo de paquete que todos los días paraba media hora enfrente de la hamburguesería. El Choni se lo levantó en tres minutos. Cuando el pavo se dio cuenta ya estábamos en el polígono abandonao. En el maletero había un fusil de esos de las películas. El gilipollas del Chino va y se pone a pegar tiros en la nave. Jodió la uralita del techo y el fluorescente grande. El Choni se partía el culo, otro tarao. Llegó tu prima con material y se pusieron no sé qué mierdas. Yo solo quería que me cambiaran la rueda de atrás de la moto y darme el piro, cada día les aguanto menos. El coche no tenía un localizador, tenía dos. Y un móvil en la guantera que empezó a sonar. El Chino lo pasó por la prensa escojonao. Les dije que me iba, que pasaría al día siguiente a por la moto, pero no. Me tocó volver. Vi algo raro al salir. Un paisano muy mayor, montado en una burra, tocando el acordeón. Estaba ahí parado, enfrente del portón. Tocaba una música como de fiesta de pueblo. Me miró y paró de tocar. Ven guaje, me dijo. Tienes cara de tonto, me dijo. Hay que ser muy tonto para robar el coche a un ruso loco. Os he salvado la vida, guaje. Oiga yo no he robado nada, he venido a cambiar una rueda. Mira, atontao, vas a entrar ahí y les vas a decir a los listos de tus amigos que o está el coche donde estaba sin un rayón en quince minutos, o mañana salís en el periódico. En eso que aparece el Choni, se viene para nosotros con la carrasca del maletero en la mano dando voces y el paisano se pone a tocar el acordeón. Que qué pasa dice el Choni como una maraca. Yo flipando. ¿Quién es este pavo? Dice que el Audi es de un ruso chinaski, que lo devolváis o la prepara. ¿Qué Audi ni que mierdas? El Choni le apuntó. Que te pires, payaso. El viejo no dejó de tocar y sonreía. Dice que nos ha salvao. Tú cállate. Al fondo, por la carretera vi pasar mi autobús. Mierda, no llego al ensayo. El paisano paró el pasodoble. Sin dejar de mirar al Choni, muy despacio, colgó el acordeón de la albarda, tiró de la correa y el burro, muy despacio,  se dio la vuelta y le soltó una coz al Choni en toda la jeta. Lo dejó boca arriba tirao en el suelo sin moverse, con el careto lleno de sangre. El músico se bajó de la burra tranquilo, recogió la carrasca, la tiró al contenedor, sacó del bolso un frasco rojo y se lo puso en la nariz al Choni que estaba pallá. Pues ya sabes guaje, me dijo, quedan diez minutos. Joder. Entré a la carrera. El Chino y tu prima alelaos. El Chino ni tiene carnet, ni sabe conducir, hay que joderse y tu prima menos. Me tocó a mí. Miré el reloj del salpicadero. Arranqué. Al salir el viejo estaba tocando el acordeón y el Choni hecho un murruño, sentao en el bordillo, más quieto que un cordero asao. Me mando parar el paisano, recoger la cacharra del contenedor y dejarla donde estaba, en el maletero. La burra me miraba mal. Llegué a la hamburguesería a tiempo por los putos pelos, dejé el coche allí con las llaves puestas y salí por patas a toda hostia. No vi ni rusos, ni rusas, ni nada.

Lo otro me lo contó tu prima. El paisano entró en la nave tocando el acordeón sin bajarse de la burra que al entrar se paró un segundo y echó un ñordo en la puerta. El Chino que es un cagao se escondió en la oficina y tu prima puso cara de tonta y no pestañeó. Me llamo Baldomero, dijo el viejo, llama a una ambulancia que vengan a por el tonto de fuera, no le vaya a dar algo y dile al que se ha escondido que salga, que no haga más el ridículo. Tu prima miró pa la oficina. La burra también. Sal Chino, dijo tu prima. Salió poniendo cara de yo no fui. Se le había quitao la chulería, la tontería y el puestón. Vamos a ver, pareja. Os voy a decir una cosa que me dijo mi padre. Me ha servido para llegar a viejo. Cuando espabileis seguiréis siendo de los más tontos. Hay que tomar conciencia. Es mejor así. Porque si os creéis muy listos vais de culo. Y luego, según tu prima, sacó de la albarda un queso, pan y una bota de vino. Les invitó a merendar. No hace falta que me deis las gracias. Les habló de Rusia, del ruso loco que le llama cuando tiene problemas con indígenas. Tocó un tango. Le sacó al chino la pasta que había en la caja de la oficina, le habló bajito a la burra en el oído, se montó y despacito, sin dejar de tocar, salió por la puerta a trotecito lento.

 

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Pasó

Amable, el solitario.