La Serrana
Ensimismada, con la mirada clavada en la lumbre de la cocina, Etelvina barrunta tempestad. La perrina inquiete se da cuenta y mueve la cola. Huele a carbón, ajo y patatas. Sopla un aire helador que viene de la peña. La casina esta pagada, hay para llenar el plato. ¿De donde sale la tristeza? No está acostumbrada, no tiene tiempo, hay que bregar. La vida siempre es corta, no importa la edad. No irá a Egipto. No aprenderá árabe, no tendrá una casa más solayera, mejor ventilada. No tendrá tiempo para millones de cosas. Mañana toca sembrar, ir con las cabras a la vecera. En el pueblo nunca hay vacaciones. Envidia, un rato, un poco, a los veraneantes. Últimamente duerme mal. Da vueltas en la cama, rezonga. Quita el cazo del fuego y prueba con la cuchara de madera. Baldomero ha ido a Cistierna, al cine. No tardará. Tendrá que contárselo. No sabe cómo. Se ha muerto la Serrana. Fue a buscarla ya oscurecido, extrañada. La Capitana y la Artillera habían vuelto con la perra. La encontró en e...